jueves, 3 de enero de 2013

Leíamos un día por deleite


Paolo y Francesa: condenados en el segundo círculo del Infierno


The Ghosts of Paolo and Francesca Appear to Dante and Virgil
Ary Scheffer

La historia de Paolo y Francesca tiene lugar en la Italia medieval. Francesca, hija de Guido da Polenta gobernante de Rávena, contrae matrimonio con Gianciotto Malatesta de Rímini en 1275, debido a cuestiones de conveniencia política y económica. Sin embargo, al momento de pedir la mano de Francesca, el padre de Gianciotto decide enviar a su otro hijo menor, Paolo, para conquistar a la bella dama, ya que éste podía cortejar fácilmente a las mujeres, mientras que Gianciotto resultaba ser muy feo, malhumorado y desagradable. Paolo y Francesca se involucraron pasional y sentimentalmente desde el primer momento. Sin embargo, Francesca aceptó casarse con Gianciotto, y no advirtió su desgracia sino hasta el momento de la primera noche con su esposo. Sin embargo, la atracción ya estaba dada entre Paolo y Francesca y no pudieron eludirla, se hicieron amantes. Gianciotto, al saber lo que sucedía entre su hermano y su esposa, tomó venganza por su propia mano, asesinándolos a ambos.
Sin duda, el que logró esbozar poéticamente la historia de estos dos amantes es Dante Alighieri. En el canto V de la Divina Comedia –uno de los pasajes más inmortalizados de la literatura occidental– Dante describe el segundo círculo del infierno, en el cual se encuentran los condenados por la lujuria (en este círculo se hallan personajes como Semíramis, Dido, Cleopatra, Elena, Aquiles y Paris). Este es el lugar destinado a nuestros amantes, como “los lujuriosos condenados, que la razón someten al deseo”. Ahí, las almas vagan y jamás se encuentran en reposo, un aire los lleva de un lugar a otro sin descanso alguno. Pero Paolo y Francesca tienen una condición adicional: tienen que estar por siempre juntos. En palabras de Francesca: “Amor, que a todo amado a amar le obliga, / prendió por éste en mí pasión tan fuerte / que, como ves, aún no me abandona. / El amor nos condujo a morir juntos, /y a aquel que nos mató Caína espera.”Almas condenadas dulcemente a estar juntas, a padecer el sublime martirio de recorrer la eternidad juntos, en el éxtasis de la lujuria y el deseo que los consume. ¿Fue una venganza la que cobró su vida o la justicia la que les permitió estar reunidos por siempre?
En el siguiente pasaje, Dante le pide a Francesa que narre su historia:

Después me volví a ellos y les dije,
y comencé: «Francesca, tus pesares
llorar me hacen de triste y compasivo;

dime, en la edad de los dulces suspiros
¿cómo o por qué el Amor os concedió
que conocieses tan turbios deseos?»

Y repuso: «Ningún dolor más grande
que el de acordarse del tiempo dichoso
en la desgracia; y tu guía lo sabe.

Mas si saber la primera raíz
de nuestro amor deseas de tal modo,
hablaré como aquel que llora y habla:

Leíamos un día por deleite,
cómo hería el amor a Lanzerote;
solos los dos y sin recelo alguno.

Muchas veces los ojos suspendieron
la lectura, y el rostro emblanquecía,
pero tan sólo nos venció un pasaje.

Al leer que la risa deseada
era besada por tan gran amante,
éste, que de mí nunca ha de apartarse,

la boca me besó, todo él temblando
Galeotto fue el libro y quien lo hizo;
no seguimos leyendo ese día.»

Y mientras un espíritu así hablaba,
lloraba el otro, tal que de piedad
desfallecí como si me muriese;
y caí como un cuerpo muerto cae.


El deseo que despierta la lectura, en nuestros tiempos aumentado por imágenes, sonidos y sabores, es una forma de erotismo que conduce a las más sublimes expresiones de amor pasional. Explorar todas las dimensiones de las más variadas pasiones eróticas, para reconocer los recónditos lugares en que se hace presente la envidia de no estar condenados a estar juntos, como Paolo y Francesca, sino a través del cuerpo, el deseo y el amor es nuestro cometido. 

ICA
&
JRN

Todo el día y toda la noche

Quiero que me cojan todo el día y toda la noche. Lo dijo, eso fue lo que dijo. De regreso del baño, mirándonos a Anselmo y a mí acostados aquí en la cama y que la mirábamos también. Huelo a ella; todo huele a ella. Desnuda en el marco de la puerta. Alzó los brazos y era como si quisiera borrarse por completo. Pero su cuerpo no la dejaba. No sé por qué puedo recordar. Corrió en seguida a la cama, como si no soportara estar lejos. ¿De qué no soportaba estar lejos? Cuando caímos en la cama por primera vez me tenía agarrado el sexo. Su mano en mi sexo. Ya le había visto las manos, desde que llegó. Era fascinante cómo las movía. Allí estaba la necesidad de darse. Pero, ¿por qué? Ella sólo nos oía. Con la pierna cruzada se le veían los muslos. No se pueden cruzar así las piernas. Ya sabía lo que iba a pasar. Pero ni siquiera me conocía. Por eso; era mejor. No saber lo que iban a hacer con ella. En la cama, Anselmo empezó a besarle los pechos. Pero cuando yo me le subí y entré dijo: “No, míralo, me está cogiendo. No lo dejes”. Movía la cabeza de un lado a otro como si le estuvieran haciendo daño y mientras, abajo, sus caderas y sus nalgas se movían conmigo. Le estaba encantando mientras decir no. Sus manos en mi espalada y su respiración. Anselmo me quitó. “Déjala.” Y yo obedecí. Salirse de su sexo. Pero fue ella la que se quedó en un vacío. No sé qué siguió luego. Los dos acariciándola. Y después Anselmo se la estaba cogiendo y yo los miraba y no sabía qué hacer. Fue ella la que se lo pidió a Anselmo. Y él aceptó. “Méteselo por detrás” me dijo, y se puso a coger de lado. Cuando entré ella se quejó. Dio un grito. Pero cómo se movía. Sentía hasta el pito de Anselmo del otro lado. Y la venida. Un puro lamento. Fue ella la que se levantó para ir al baño. La vi como si no la conociera. Era sólo su cuerpo. Vi su espalda y sus nalgas. Anselmo y yo solos en la cama. Mariana, te quiero.

Juan García Ponce
Crónica de la intervención


Un perro hundido, que escondía el rostro, no una mujer

Aquélla era la primera vez en mi vida que veía un espectáculo semejante. Un hombre, un hombre grande y musculoso, un hombre hermoso, hincado a cuatro patas sobre una mesa, el culo erguido, los muslos separados, esperando. Indefenso, encogido como un perro abandonado, un animalillo suplicante, tembloroso, dispuesto a agradar a cualquier precio. Un perro hundido, que escondía el rostro, no una mujer.


Almudena Grandes
Las edades de Lulú


La fotografía al desnudo

Recuerdo la última vez que tuve entre mis manos una cámara. Sinceramente no la sabía usar, nadie nunca me explicó qué hacer con una. Tenía tantas opciones para “mejorar la foto” que me hacía dudar de lo que capturaría. ¿Para qué sirven tantas opciones? ¿Entre más complicadas, mejores? Evidentemente no era mía la que tomé en aquella ocasión y tantas opciones me confundían. La ventaja (desventaja para otros según he oído) es que era digital, podía ver a través de una pantalla lo que saldría. Recordé la travesía de buscar rollos específicos para las cámaras y llevarlos a revelar. Era magnífico recibir sorpresas, pues no se sabía qué se había tomado finalmente (o quién había jugado con ella sin que lo supieras). Apreté el obturador, aún sin superar las confusiones. Una fotografía considero debe capturar un instante de la realidad. Pero ¿una realidad modificada por las características que te ofrece la cámara? o ¿de cuál? Sin duda he visto fotos magníficas que manejan la luz, la perspectiva, el color, la posición, etc., y que producen un efecto a la vista que encanta. No obstante, no sé si se vuelve la fotografía algo artificial al utilizar las “mejoras” que te propone una cámara actualmente, o si sólo se trata de eliminar los vicios del lente. Con hipermetropía lo menos que me queda es reconocer que las deficiencias visuales nos traen como costo perdernos de los detalles. No gozar de una buena vista nos hace ver las cosas tras un lente. ¿No funciona así la fotografía? Ver a través de un lente, pero no por no poder ver bien, sino por la deficiencia para capturar las cosas y retar al tiempo. En ese sentido, he tenido frente una mi innumerable cantidad de fotos (algunas hasta las he tomado yo), pero sin duda las que me han parecido sublimes han sido al desnudo. Si bien no son las preferidas de muchos, condensan en gran medida lo que espero de la fotografía: detienen el tiempo de lo humano, ese que se va quedando en el cuerpo y lo deja marcado, es un recuerdo de la naturaleza que nos constituye, cada fragmento muestra una actitud del cuerpo y para el cuerpo. Me gustan por ser fotos, pero detrás se encuentra en ellas el erotismo en su máxima expresión. Me recuerdan una libertad que no todos estamos dispuestos a perder. Quizá algún día aprenda a tomar fotografías y a enseñar la libertad que concibo.

ICA



jueves, 21 de junio de 2012

Ególatra

A nadie le ha de extrañar que ya no escriba. Así he sido. Totalmente inconstante, imprecisa. No hay fecha en que me decida a escribir. No hay lectores frecuentes de este blog así como no hay qué leer de nuevo que mantenga a la expectativa. O quizá sí, eso es lo característico. Nunca saben cuándo aparecerán nuevas letras blancas sobre fondo negro. Probablemente esto no sea más que el reflejo de una ególatra que ha decidido guardarse tantas cosas que piensa –y no, no presumo. He dicho más de lo que he escrito últimamente. Igual también lo he maquinado desde el rincón inaudito que es mi cabeza y que no encuentra su punto de conexión con la realidad más que esta puerta de la que hoy sólo opté por la mirilla.



miércoles, 9 de mayo de 2012

Posibilidades del análisis


Definitivamente encontrarse con un texto puede cambiar la perspectiva de las cosas. Faltaba una hora para entrar con JMM y traía conmigo Crónica de la Intervención de Juan García Ponce. El capítulo que seguía, en mi detenida y lenta lectura, tenía un título sugerente: Posibilidades. Nadie me advirtió, ni siquiera el autor, qué era lo que encontraría en esas páginas. (El estilo de GP no permite advertir de qué tratará el capítulo siguiente, ni mucho menos quién era el personaje principal que hablará o será hablado). Con una precisión de pronto matizada y alejada de la realidad, vino la identificación.

El analista reproduciendo la grabación del análisis de María Inés. Reproducción del habla de una mujer que se hace a partir de los demás, según su propia descripción. Un habla que se lee para nada titubeante y sin embargo, que se va dispersando en los entresurcos de su discurso. Me explico: un discurso continuo, según la lectura, con dos o tres pausas pero sin una linealidad temática. Una vuelta a sí misma en tiempos diferenciados y desde otros(as) personas con las que se relacionó, aquéllos que configuraron distintas mujeres –niña, hija, novia, amante, esposa–. Con cuestionamientos que ella misma se responde y ante las pocas intervenciones del analista, el habla dicho inicialmente y escuchado por segunda vez continúa. Pero había una libertad disfrutable: la sexual. Espacio en que se dejaba ser por los otros. Aceptar que era ninfómana y en ello se hacía a sí misma.

Soy la que fui, la que soy y la que seré, aunque las últimas me estén vedadas. Un análisis que me hizo re-pensar el mío.

domingo, 15 de abril de 2012

Comfortably Numb

Hello? Hello? Hello?

Is there anybody in there? 
Just nod if you can hear me. 
Is there anyone at home? 
Come on now 
I hear you're feeling down. 
Well I can ease your pain 
Get you on your feet again. 
Relax. 
I'll need some information first. 
Just the basic facts. 
Can you show me where it hurts? 

There is no pain you are receding 
A distant ship smoke on the horizon. 
You are only coming through in waves. 
Your lips move but I can't hear what you're saying. 
When I was a child I had a fever 
My hands felt just like two balloons. 
Now I've got that feeling once again 
I can't explain you would not understand 
This is not how I am. 
I have become comfortably numb. 

O.K. 
Just a little pinprick. 
There'll be no more, ah! 
But you may feel a little sick. 
Can you stand up? 
I do believe it's working, good. 
That'll keep you going through the show 
Come on it's time to go. 

There is no pain you are receding 
A distant ship, smoke on the horizon. 
You are only coming through in waves. 
Your lips move but I can't hear what you're saying. 
When I was a child 
I caught a fleeting glimpse 
Out of the corner of my eye. 
I turned to look but it was gone 
I cannot put my finger on it now 
The child is grown, 
The dream is gone. 
I have become comfortably numb.


viernes, 9 de marzo de 2012

Mi primera vez


Transcurría mi día con normalidad. Había tenido un día exhaustivo, primero clase de posgrado, luego Teoría Pedagógica. Me dirigía a comer y esperaba llegar pronto. Mis acompañantes no pensaron que hubiera pasado algo, yo igual. No pasaron por mi cabeza posibles secuelas y el dolor no era insoportable… hasta que lo fue. Sentí el frío del hielo que me coloqué esperando reducir la inflamación hasta que se durmió la zona. El día siguiente transcurrió con poco movimiento y hielo cada hora. Pero mi pie no cedió y tuve mi primera vez.

Mi primera vez siendo inmovilizada por el yeso. No puedo relatar el dolor que sentí cuando acomodaron mi pie para que se formara correctamente la férula. No lo había sentido, ni lo quiero volver a sentir. Me molesta no ser autosuficiente, de ver que todo se mueve alrededor y uno sólo puede seguir con la vista. Las muletas ayudarán a moverme yo sola, pero ¡cuesta una infinidad de trabajo!

Di un mal paso y me puse un ‘estate quieta’, quizá lo necesitaba, un poco de descanso y consentimiento. A divertirme estando en reposo.


miércoles, 8 de febrero de 2012

Poco antes de que den las diez

Joan Manuel Serrat. Poco antes de que den las diez

Te levantarás despacio
poco antes de que den las diez
y te alisarás el pelo
que con mis dedos deshilé,
y te abrocharás la falda,
y acariciarás mi espalda
como un "Hasta mañana",
y te irás sin un reproche,
te perderé con la noche
que llama a mi ventana,
y bajarás los peldaños
de dos en dos, de tres en tres.


Ellos te quieren en casa
poco antes de que den las diez.


Vete.
Se hace tarde.
Vete ya...
Vete ya.


Y en el umbral de mi puerta
poco antes de que den las diez,
borrarás la última huella
que en tu cara olvidé.
Y volverás la cabeza
y me dirás con tristeza
"Adiós" desde la esquina
y luego te irás corriendo,
la noche te irá envolviendo
en su oscura neblina.


Tu madre abrirá la puerta,
sonreirá y os besaréis.
La niña duerme en casa...
y en un reloj darán las diez. 


lunes, 23 de enero de 2012

A puerta cerrada

Desde el 8 de septiembre del 2011 no había escrito para esta plataforma. Sin poder dormir, las razones iban desde la pérdida de la realidad hasta la inmersión más absoluta en ella. ¿Será que habré cerrado frente a mí la puerta a la realidad? O ¿quedó cerrada tras de mí habiéndola cruzado? Fueron ambas. Un vaivén que duró hasta las inevitables ganas –ojo, que no exigencias– de escribir. –Estoy tentada a escribir que deseaba ver en papel lo que se me viene a la mente, haciendo que mi mano, empuñando la pluma, repita con tinta haciendo surcos negros en el blanco. Pero tendría que admitir que mi mano fuera una extensión de la pluma que no tengo, y pensar que mis dedos escurren la tinta que no mancha. Es un darme cuenta que sólo estoy frente al ordenador–.

Cerré la puerta frente a mí, pues quise armar de ficción la realidad. Darme tiempo de soñar aún sin dormir, pensar más allá de las referencias. No me cuestiono si, entonces, quedé en la obscuridad o más bien la teñí de luz. De cualquier manera la ceguera me acompaña desde siempre y las gafas sólo la esconden cuando han sido capaces de seducirla. Cerré la puerta detrás de mí una vez atravesado el marco. Sin duda lo hice. Pero ya no sé qué realidad me recibió en sus arcas. Las bondades me fueron dadas a manos llenas y la ficción se confundió. No más lo estoy yo. Una realidad ficcionada que cierra la puerta a la realidad o una ficción realizada que cerró la puerta a la realidad ficcionada.

De todas formas, he decido más bien dejar la puerta a la realidad abierta. Pues parece que es en su marco en el que la realidad se esconde. Dejaré que se abra para uno o para otro lado.



jueves, 8 de septiembre de 2011

Expresión del placer

Llevaste los dedos hacia la ranura con suma delicadeza y después de un poco de presión, flexionaste tu brazo llevándote a la boca lo que obtuviste. No podía percatarme del contenido. Mi vista fue deficiente y aquello me era indescifrable. Me acerqué más a tu cuerpo. Vi que tu palma transitó hasta donde emana tu aliento, que se entreabrió como cuando me diriges la palabra. Pero tu silencio se enmarcaba por el ruido ajeno. Recordaba ese olor de tantos tiempos. Para ti era cual perfume, embriagante. Apretándolos entre sí, para luego abrirlos un poco, tus labios me fueron la expresión del placer. 
-ICA-


jueves, 11 de agosto de 2011

Crónica de las precauciones vespertinas

Él tenía una libreta. Calendarizaba cada una de sus atroces actividades. Escuché cada una de sus hazañas. El monopolio que mantenía en gran parte de la ciudad y las zonas aledañas era impresionante. La captura de “la mano con ojos” era relatada en el radio mientras viajaba a casa en el taxi. Sin duda creían haber capturado al más grande asesino de los últimos tiempos, y las autoridades se vanagloriaban en discursos vacíos de haber tenido la capacidad en sus cuerpos de inteligencia para dar con él… claro, habiendo allanado dos viviendas previamente sin encontrar nada. Especialmente la de un poeta que ahora cuenta lo sucedido por mensajería aviaria, el medio más eficaz de difusión rápida en los últimos tiempos. Como si no supiéramos que las organizaciones trabajan en pirámide y que, dislocando a su jefe, alguno más abusado se colocará por encima. Las instrucciones son muy claras: matar a una hora designada por causales determinadas de antemano. Llevaba una cuenta de más de 600 muertes a mano fría. Ya no se juega con pistolas (de hecho nunca se hizo pero ahora su uso es más extendido y cruel), el avance de las armas se hace patente en su cada vez más sofisticado nombre y el funcionamiento descabellado de quienes las usan.

Mis oídos no daban crédito a lo que oía. –Se evitaron 300 muertes que estaban en puerta– decía el locutor. La incredulidad es inevitable, en esa medida, quizá espere a que esas muertes tengan lugar próximamente aunque sea otra mano la responsable. Un miedo terrible se apoderó de mi cuando vi que el conductor desesperadamente buscaba su teléfono móvil tratando de localizar a alguien. –Hola Mary. Perdón, Mauricio, ¿No está tu papá? ¿Tu mamá?, se fue a correr al faro, dile a tu papá que en cuanto llegue me marque– dijo mientras movía la cabeza indignado por cada frase que salía de las bocinas improvisadas en el tablero. Aquello me parecía algo relacionado con quien rendirá declaración ante el ministerio público toda la noche, o sería mi paranoia (a estas alturas a eso se le llama tomar precauciones). Traté de buscar los elementos de seguridad… sí, como en los billetes. No había elementos que cambiaran de color ni registros coincidentes. Volteé a ver la cédula en mi ventanilla del lado derecho, anoté el nombre del responsable del volante, dudé de que la foto correspondiera a quien tenía enfrente de espaldas. Me fijé en el número asignado por el sitio: 66, desconociendo por supuesto si existe un control serio sobre ello. Seguía fielmente a mis indicaciones para llegar a casa, pero cualquier titubeo del volante me hacía temblar. Dio vuelta por fin en mi calle y algo de tranquilidad me sobrevino. Sin embargo, al pagar, tuve miedo de que pudiera sacar algo de su bolsillo y atacarme, o que se fijara en dónde vivía para futuras ocasiones. Más miedo se apoderó de mí cuando al abrir la puerta del coche dijo –Que dios la bendiga–.

Probablemente no sea la única a la que esto le ha ocurrido. Pero no sé qué pasa con las personas con las que diario me encuentro. Hoy fui testigo de gran cantidad de agresividad, desesperación y “precauciones” que se toman. No estoy en condiciones de decir que sea absurdo (lo anterior da muestras de ello), pero los motivos que lo incitan podrían serlo. Particularmente el metropolitano por las tardes no es el lugar más vacío de la ciudad, ni el más tranquilo. Estando en una de las estaciones terminales, atiborrada de mujeres en la sección destinada para ellas, me incorporé en una fila eterna buscando quedar lo más cerca posible a una de las puertas del primer vagón. Usando bolsas, bultos y el propio cuerpo los empujones no se hicieron esperar al tener el transporte enfrente. Las caras de satisfacción de quien lograba sentarse es imposible que las describa. Veía en ellas un dejo de felicidad por la victoria en la competencia, pero que no correspondía a mitigar su cansancio yendo sentadas, sino por poder ver a las demás desde abajo (al contrario de lo que normalmente aplicaría). Las que estaban arriba, en pie, volteaban abajo con insultos que se tenían que tragar pues nadie era responsable de su situación más que no conocer las astucias para conseguir lugar (saber en dónde llegan las puertas, ser lo suficientemente agresiva como para que te teman y te dejen pasar de filo, saber hacia dónde empujar a las demás para llegar al lugar apropiado en el vagón, pero sobre todo, tener la suficiente paciencia para esperar el siguiente o humildad para aceptar la derrota).

Se llenó tanto que las cosas iban empeorando. –Es el calor el que hace que uno se enoje y reaccione así– dijo una señora después de ver cómo todas se quejaban por ir cuerpo contra cuerpo. – ¿Por qué no se van en taxi? – respondió otra más. La más grande preocupación de todas era el aplastamiento que sufrieron dos niñas, que sus madres intentaron utilizar para sentarse. –No puede ser que haya mujeres inconscientes que no le den el lugar a las mamás que traen a sus hijos–, –Déjenle el lugar a la señora con la niña–, –Para eso están los lugares reservados–, –Se hacen las sordas–, escuché que gritaban sin lograr que alguien se moviera (de risa, pues, aunque quisieran, era prácticamente imposible moverse ahí adentro, sin contar que las niñas ya estaban bastante grandes como para poder sostenerse de pie sin asfixiarse contra la espalda de las pasajeras). Pero me pregunto si realmente esos gritos de reclamo se debían a la procuración del bienestar de las niñas o al placer de quitarle la victoria a alguien que estuviera sentada.  

No sé qué me aterró más: pensar que no saldría en la estación de mi destino sin haber sido acribillada por alguna mujer aferrada, que tal vez no llegaría a casa sin que el conductor me hiciera algo, saber que hay asesinos que no trabajan solos que saben perfectamente cuál será su próxima víctima en la ciudad o que pueden irrumpir en mi casa en cualquier momento buscando armas para pedir disculpas después.

¿Será que necesito mi dosis de pulsatilla?



miércoles, 13 de julio de 2011

Libertad anunciada

Hoy me declaro libre. Soy libre de las expectativas que pusieron, ponen y pondrán sobre mí. Ya no cargo con lo que otros desearon para mí, lo desean ahora o desearán después. No fui lo que quisieron, no lo soy ni lo seré. La libertad es la única que me ha hecho presa hoy. No respondo por los demás, sólo por mí. Dejo los arrepentimientos por lo que hice y mucho más por lo que me quedé con ganas de hacer. Fuera de culpas por no cumplir el modelo y seguir los trazos planeados desde antes de ser concebida.

Lo lamento por aquellos que me delegaron expectativas, que supusieron la manera en que yo sería feliz (y más aún si creyeron ser felices ellos esperando algo de mí). Siento mucho (quizá no tanto) por quienes pensaron que nunca me iría, que siempre estaría ahí. Ahora no lo estoy y no lo estaré más. Me encuentro dónde, cómo y con quién quiero. Incluso me libero de lo que yo misma he puesto sobre mí, todo. Hoy.


viernes, 24 de junio de 2011

Te encontré

Para JRN

«He encontrado a la persona con quien puedo representar mi papel, hacer realmente mi papel de mujer, representarlo todo con mi cabeza o mi cuerpo al ritmo de la sangre. No la representación de las ideas, donde el instinto se rebela contra la comprensión. Dice: «Tengo una idea». E inventa, crea –fantástica y mágicamente la vida. Cada detalle de la vida.»

Fuego, Diario Amoroso (1934-1937)
Anaïs Nin



lunes, 28 de marzo de 2011

La formación disciplinaria del posgrado en debate

En estos días me he encontrado con diversas referencias a lo que está sucediendo con los estudios de posgrado. Por un lado, problemáticas que tienen que ver con el estatuto de dicho nivel de estudios en el marco del proyecto de universidad en general, por otro, las relaciones entre financiamiento (principalmente de becas) y la calidad académica. Sabido es que en nuestro ámbito, el CONACyT ha establecido criterios para determinar qué posgrado tiene calidad académica. Estos criterios apuntan, entre otras cosas, a la eficiencia terminal.

Estaremos de acuerdo con que esto ha implicado que los posgrados estén desesperados por lograr el porcentaje marcado, pues si los alumnos no terminan, quizá ello no represente problemáticas para ellos, sino en “la imagen del programa”. No obstante, pensando en esto, se ha querido cuidar el perfil de ingreso. Las estrategias han ido desde la aplicación de exámenes de conocimientos generales, el requerimiento de más documentación, ensayos de temáticas consideradas básicas, entrevistas, entre otras. En el posgrado en pedagogía, en el que me encuentro haciendo la maestría, esta situación se ha tornado un tema de discusión pues las decisiones repercuten necesariamente en el campo. Si bien este posgrado en la UNAM tiene como antecedente, en el caso de maestría, la MADEMS, y está estrechamente ligado a las pretensiones de profesionalización, se ha establecido claramente que se trata de un posgrado de investigación. Y este es uno de los principales problemas a los que se enfrenta, pues desconociéndolo recurren a él con fines de actualización, tratando de enmendar sus carencias didácticas, o bien, tratando de realizar contribuciones educativas a su disciplina, escuela o institución de origen.

La decisión de delimitar el perfil de quienes ingresen, especialmente el cuidado de las temáticas de los proyectos, redundará en la delimitación del campo de la pedagogía. En este caso, la presentación de un buen currículum, donde se demuestre tener una trayectoria que avale trabajo en el ámbito educativo (así de amplio) no puede ser el único criterio, pues el asunto que se debe tratar en la definición de quiénes ingresan y con qué proyectos tiene que pensarse en función de su impacto en la concepción de la disciplina. Este posgrado al darle prioridad a criterios de ingreso no temáticos, ha abierto las puertas (a veces hasta inexistentes) a trabajos de diversa índole y que en muchas ocasiones pareciera que su nexo con lo educativo es un mero agregado. Son aproximaciones tangenciales. Aunque en el peor de los casos, lo que ocurre no es que no aborden lo educativo, sino que confundan el ámbito de la pedagogía con la didáctica, la psicología educativa, entre muchas otras cosas.

Se piensa que por tener experiencia en la docencia, por estar en el ámbito académico de alguna forma, se es capaz de establecer una reflexión seria sobre la educación (hasta aquí coincidimos), el punto es que se cree poder hacerlo así desde la pedagogía. El punto es que si bien desde su disciplina pueden estudiar a la educación, hacerlo desde la pedagogía requiere tener marcos conceptuales claros que la propia disciplina ha luchado por aclarar. Hablar de pedagogía y educación no es lo mismo, hablar de didáctica, enseñanza, aprendizaje no significa hablar pedagógicamente ni desde la pedagogía.

La evaluación de los proyectos, aunque se ha hecho, pareciera no ser fundamental, pues los evaluadores no tienen un perfil académico homogéneo (o eso circula en los pasillos). Muchos de ellos no tienen una formación en pedagogía, sino en sociología, antropología, psicología, etc. El reto no es que se cierren las fronteras y el posgrado se vuelva endogámico, sino que teniendo claro su propio ámbito de reflexión, la especificidad del campo, se cuide el perfil de quienes ingresan. Es un peligro fuerte para la disciplina en términos generales que los proyectos de investigación de un posgrado que forma en ella no le concedan la seriedad que merece ni le reconozcan su especificidad en el abordaje de lo educativo.



lunes, 21 de marzo de 2011

En busca de mi comunidad de diálogo

Sabido es que en los eventos académicos la posibilidad de diálogo queda mermada por la presunción de ser los únicos que entendemos lo que sucede en nuestro trabajo. Me queda claro que yo la tengo aún más difícil, pues he optado por servir a dos amos y como dicen, con alguno o ambos siempre se queda mal. Esto no se debe al trabajo que uno realiza sino a cierta exclusividad por lo que se construyen muros de una supuesta especificidad.

La pedagogía y la filosofía comparten desde siempre una extraña relación, no desconocida pero sí desvalorizada. Tengo el gusto (no sé si la habilidad) de servir a ambas. Intento formar parte de esos intersticios en los que ambas se tocan y que son, en sobradas ocasiones, tierra de nadie.

Sin embargo, haciendo lo que todo estudiante debe hacer (léase preparar ponencias para congresos) presenté a finales del año pasado un pequeño trabajo en el que pongo de manifiesto la relación que existe entre la hermenéutica y la pedagogía y la que creo puede haber entre ellas. El primer congreso fue de pedagogía y el segundo de filosofía, ambos dieron acogidas distintas a mi trabajo.

Mi mayor miedo era someterlo a los filósofos, pues creía que despreciarían todo aquello que huele a foamy (al no tomar con seriedad a la pedagogía). Pero también sentía que mi punto débil era la propia hermenéutica por lo que frente a expertos tendría que aventarme por la borda. Tenía más confianza de hablar del tema con mis ya antiguos colegas. Algo me hacía suponer que podía ser interesante para los pedagogos enterarse de una veta de investigación que tiene mucho que decirnos sobre nuestra disciplina. ¿Cuál fue mi sorpresa?

En el congreso de pedagogía los trabajos que se presentaron fueron por mucho alejados a mis pretensiones. El enfoque filosófico, o por decir algo, teórico (que sigo sin saber qué es), fue nulo y se me acusó –enmascaradamente– de ser de la gente que relega los problemas urgentes de la práctica por “chaquetas mentales” que de nada sirven. En ese momento quise renegar de mi gremio y me cuestione fuertemente si tenían razón, siendo yo a fin de cuentas la que nunca comprendió qué hacer ahí. A pesar de esto, volví la mirada a mi proceso de formación, recuerdo que, aunque en escasamente, sí tenía lugar el pensar del modo en que lo hago teóricamente.

Diferente pasó en el congreso de filosofía. La cuestión de la hermenéutica si bien puede desmarcarse de la filosofía y la pedagogía, ambas en la articulación pretendida recibieron retroalimentación. Los hermeneutas se mostraron interesados en aquello que de pedagogía pude hablarles, más allá de si hacía uso o no de sus herramientas, aunque sigue prevaleciendo una noción pre-reflexiva de la pedagogía que no compatibiliza con mi forma de comprenderla.

Sigo siendo y seré indefinidamente pedagoga, de esas extrañas que no se dedican a la planeación, capacitación, didáctica, gestión, etc., (como si la investigación y la docencia no requirieran nada de eso). Pero también seguiré formándome en filosofía. Dos cosas que trato de abordar conjuntamente y que me hace, hasta ahora, no encontrar una comunidad académica que de pronto pueda voltear la mirada y decirme algo de lo que hago. Unos por desprecio, otros por no comprender una parte(o filosofía o pedagogía) y otros por desinterés.

Espero que esto cambie pronto...


viernes, 31 de diciembre de 2010

Balance 2010

Acostumbrada a los balances e informes cualitativos –aunque ajenos– de lo hecho o imaginadamente realizado, es momento de hacer algo que dé cuenta de lo que pasó en el año que justo hoy han decidido que termina (por lo menos aquí parece quedar claro el tiempo contemplado y lo mejor, sin formato).

El 2010 se caracterizó por el cierre de ciclos y decisiones importantes. Lo que me implicó de lleno en el primer tercio del año fue mi titulación. Haber logrado obtener por fin el papel que indica el término de una forma de vida que se había prolongado desde la niñez entre las aulas, las butacas y los maestros. ¡Vida que decidí continuar! cosa que aún hoy me sigue pareciendo arriesgado, emocionante y necesario. El segundo tercio del año recuerdo como lo más significativo el festejo de mi cumpleaños, algo extraño a decir de los tantos y tantos que habían sido olvidados, el inicio de una aventura que no sé a dónde me llevará pero en la que he aprendido a hablar y, finalmente, la vuelta de tuerca (para algunos traición, para otros formación y para otros ver la luz). El último tercio bastante gratificante, reconocimientos de antaño, retribuciones y contribuciones, un viaje inolvidable y sueños cumplidos. Entre todo esto, conciertos inolvidables y canciones que me acompañarán muchos años más.

Pero el 2010 viví entre libros (o así quiero recordarlo). Los forzosos, de una y otra clase, los de buró disfrutables, los regalados, los leídos entre líneas cargados de tedio, los esperados… Los convertidos en películas constantes que parecen decirme más de lo que veo y siento a diario. Ellos han exigido un cambio en mi vida, tener que escapar de la realidad para sumergirme en otra que me ha llevado a senderos extraños o familiares, o mejor dicho, extrañamente familiares. Además, los cambios de espacio han sido necesarios, los libreros ya no se dan a basto, atiborrados de ideas parecen pesar aún más. Los teclados también hablan del 2010. Fueron necesarios por lo menos 3, cada uno recibió las caricias que hubiera querido dar. Asimismo el monitor fue la pantalla a través de la que el mundo se hacía visible gran parte del tiempo, error que para el próximo año tendrá que ser resarcido. Pero no por ello dejé de disfrutar de muchísimas cosas que sólo creen hacerlo aquellos a quienes fingidamente no les importa lo académico (lo siento por mi familia).

Así el 2010 fue de nuevos escenarios, colegas, compañeros, y amigos y el refrendo de compromisos de amistad, amor, cariño, estima. No puedo dejar de lado que el trayecto no fue en soledad, mencionar a cada uno de los partícipes de este año sería reconocer a aquellos que formaron parte, incluso por segundos, de cada una de las travesías y caminos andados. Para evitar omisiones diré gracias a quienes se sientan aludidos con esto. Mención aparte merece mi cómplice, sí, ya lo conocen, mi inseparable JRN. Un año más que pasamos juntos a lo largo de un proyecto de vida que se va trazando por sí sólo, sin prisas.

Este balance no tiene fin, pues tendría que ser acompañado del plan para el próximo año so pena de que lo regresen por estar incompleto y con ello se juegue mi recontratación en la vida del 2011…

Con propósitos abiertos, esperando pase la noche vieja.

ICA

domingo, 5 de diciembre de 2010

Mazatlán

Las cosas de la maleta venían vacías, ahora tienen consistencia. Había esperado tanto, y ahora empieza el regreso. No es un retorno, pues no soy la misma. Todo ha cambiado… Pasé días fuera de casa, logré estar ahí. Amigos conocidos de antaño, algunos nuevos que al paso se ganaron risas. Un amor que festejó por encontrarse. Todos en el inmenso clamor del mar.

Llevo la espalda cargada de sueños cumplidos y logros alcanzados.

Mis manos ahora sostienen proyectos nuevos surgidos a mitad de la noche. ¡Pasará! Aguardaré el momento con la misma esperanza y amor con la que dije sí.

Para quien me hace vivir sueños.

ICA

sábado, 6 de noviembre de 2010

Devenir

Me ahoga el tiempo. Vivo sobre plazos y cada día se cumple uno. Trabajos, tareas, ponencias, lecturas, exámenes, reuniones, eventos, clases y más… siempre con un horario o fecha límite. Lo mejor es que el tiempo aparece en escena no sólo para guiarme, sino que se vuelve motivo de reflexión. Ha sido tema recurrente en clases, ¡sí!, ya muchos han hablado de él y la forma en que se incorpora a lo real. Si es lineal, circular o quién sabe qué sea. El culpable o mejor dicho el que nos hace humanos (y yo que siento perder mi humanidad por él). Incomprensible a quién se le ocurrió medir el tiempo y más cómo llegaron a que debemos dormir ocho horas (¡imposible! si de lo que se trata es cumplir con el horario).Por cierto, no encuentro ningún beneficio en el cambio de horario, mi día sigue teniendo 24 horas laborables y con más luz solar o sin ella hay que hacer lo mismo.

En estos días mi agenda se ha saturado, no es la única, pero me recuerda que cada año (el gran plazo de 365 días que parece nadie cuestionar) insisto en comprar una de tamaño bolsillo para pensar que así de pequeño es el guión que debo seguir, pero se llena tanto que termina invirtiéndose y tragándome. Pero, como dice el refrán: No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza ni deuda que no se pague. Pronto acabará el semestre.